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VISIGODOS EN LA DEHESA
Una visita a la Iglesia Hispanovisigoda de
Santa Lucía del Trampal, en Alcuéscar
En
una de las laderas de la Sierra del Centinela, justo en el valle
formado por el manantial de El Trampal, como señoreando desde
su media altura toda una extensa dehesa de encinas y alcornoques,
y divisando al frente el inmenso farallón de la Sierra de
Montánchez, hace algunos años, semiderruida y prácticamente
oculta entre los zarzales, se descubrió y reconoció
como tal uno de los monumentos más importantes de nuestro
patrimonio regional: la iglesia hispanovisigoda de Santa Lucía
del Trampal.
El lugar, a escasos kilómetros de Alcuéscar, resguardado,
bien orientado y rico en agua, debió estar poblado ya en
tiempos anteriores a los de la Romanización. Lápidas,
inscripciones y epígrafes, todos ellos dedicados a la deidad
prerromana Ataecina, y probablemente datados en el siglo VI a. C.,
han sido hallados en este lugar, que ya entonces tendría
un carácter religioso y de culto.
Algunos siglos después, una vez desintegrado lo que fue
el Imperio Romano, y tras la penetración de los suevos, alanos
y vándalos en la Península, estos pueblos se asentaron
como visigodos, dotando de una estructura social a los hispanorromanos
y propiciando la instauración del catolicismo como elemento
aglutinador.
Aparte de su belleza intrínseca tantos siglos oculta, lo
que le aporta valor añadido a Santa Lucía del Trampal
es el hecho de que se conserva muy poco de la arquitectura de la
España visigoda. Lo más valioso se reducía
a un conjunto de iglesias de muy reducidas dimensiones, datadas
en el siglo VII: San Juan de Baños (Palencia) consagrada
por Recesvinto en el año 661; Santa Comba de Bande (Orense)
erigida en el año 672; y, sobre todo, San Pedro de la Nave
(Zamora), conservada muy completa, y donde este tipo de arquitectura
alcanza su pleno desarrollo. Se conocen otras tres, de menor relevancia
(San Pedro de la Mata en Toledo, la ermita de Quintanilla de las
Viñas en Burgos y San Fructuoso de Montedios en Portugal).
Pero ahora hay que añadir a la escasa y privilegiada nómina
ésta de El Trampal.
Desde luego, Santa Lucía del Trampal, debido a sus características
y al buen estado de conservación, nos permite aclarar algunos
puntos oscuros sobre las distintas partes del edificio eclesial
visigodo y sobre determinados usos litúrgicos. Como las otras
iglesias visigodas utiliza la bódeva de cañón,
la sillería y, sobre todo, el arco de herradura, quizá
de procedencia oriental. Lo que más llama la atención
es el triple ábside separado en el exterior, algo inusual
pero tal vez relacionado con el credo arriano, por su alusión
al tres y a su diferente interpretación de la trinidad. Aunque
esta singularidad también la encontramos en la iglesia de
San Juan de Baños.
Otra semejanza con esta iglesia palentina consiste en que se halla
situada en las proximidades de un manantial al que se atribuyen
virtudes medicinales. Porque es curioso destacar que las iglesias
visigodas conservadas se hallan en zonas muy rurales. Los estudiosos
dan hasta cuatro explicaciones acerca de sus funciones y de su ubicación:
unas serían basílicas monacales con monjes encargados
de su mantenimiento; otras serían capillas funerarias; otras
iglesias propias (privadas) de dominios señoriales; y otras,
templos o iglesias de pequeñas poblaciones, que luego han
desaparecido sin dejar más huella que estas sólidas
basílicas desafiando el paso del tiempo.
A Mejorar... Si ha sido admirable la labor
de reconstrucción llevada a cabo, tan solo afeada por unos
tejados de chapa negra que están demandando unas tejas similares
a las de otras iglesias visigodas, quedan por solucionar la mejora
del camino de acceso desde Alcuéscar y la habilitación
de un mínimo aparcamiento.
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